
MARIO VARGAS LLOSA
Nació en Arequipa, Perú en 1936, estudio en Cochabamba, Bolivia y en Lima. Se doctoró en Letras en la Universidad de Madrid, y en París ejerció el periodismo literario radiofónico.
El escenario de la novela se desarrolla en la ciudad de Lima, en el Colegio Militar “Leoncio Prado” al que asisten 1500 alumnos entre 13 y 16 años de edad de todas las regiones de ese país y de distintas clases sociales y que de hecho son prisioneros porque casi nadie va allí por su voluntad: unos ingresan por favor del estado, por vocación militar, otros por castigo para que se reformen y otros más para que se endurezcan.
Del Jaguar no se sabe su nombre y sólo se le conocía por su fuerza física; era huérfano y pobre aprendió a robar y en castigo fue enviado al Colegio Militar, donde se hizo el propósito de no ser víctima sino verdugo y desde un principio impuso respeto, miedo y odio. La vida del Jaguar nunca fue grata ni justa. En su memoria hay un sólo recuerdo limpio y dulce: el de Teresa, una niña que fue su vecina y a la que perdió de vista al entrar al internado.
En los primeros capítulos se habla de las escapatorias, los robos de exámenes, del contrabando de cigarros, del alcohol, del lenguaje obsceno de los adolescentes, en un intento de tener dentro del plantel la vida libre que imaginaron afuera, en la ciudad.
Al delatar, sin pruebas, Alberto pone en movimiento la ambigüedad de la justicia. La imaginación del adolescente choca con la razón de los oficiales a quienes sólo interesa el buen nombre del colegio; y al teniente Gamboa, la justicia le exige una investigación.
Entonces Alberto para comprobar que no miente delata el contrabando de tabaco, alcohol y las escapadas nocturnas, y como consecuencia todo el grupo piensa que el Jaguar los ha delatado. Éste detenido por el teniente Gamboa, lo niega y el Coronel, quien es el director, desarma a Alberto asegurando que su denuncia es fruto de su imaginación como las novelitas pornográficas que escribe. Entonces Alberto se arrepiente y decide no afirmar ya nada para mantener el prestigio del Colegio pero le pide al Coronel que queme las novelitas pornográficas para no comprometer el apellido honorable de la familia del denunciante, y Gamboa que intentó averiguar, fue enviado a una guarnición lejana llamada Juliaca.